¿Hasta dónde podemos llegar?

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Lo que inicialmente era una fiesta ciudadana, que hizo sentir su malestar a sus autoridades electas democráticamente, con el paso de los días se han transformado en días de terror y de caos para todo el país.

En ciudades como La Serena y Coquimbo, hoy los más perjudicados son los pequeños comerciantes que han demorado años y hasta décadas en levantar sus negocios que les permiten llevar el sustento a sus familias.

En la ciudad de Ovalle existe temor en estudiantes menores de edad que han tratado de incorporarse a sus procesos educativos, pero hasta las puertas de los establecimientos que tienen educación básica como media, han llegado grupos organizados que han derribado portones y rejas para instar a los estudiantes a sumarse a las manifestaciones en recorridos por todos los liceos y colegios de esta comuna.

Para la suma y la resta, inversiones que han demorado años para que el Estado realice, en horas ya no existen, especialmente en señaléticas, semáforos, paraderos y hasta edificios públicos que hoy simplemente no atienden por falta de infraestructura.

A quién beneficia este tipo de vandalismo? Solo a quienes buscan desestabilizar y crear caos, para derribar al gobierno de turno y de esta forma a la democracia y eso es lamentable para un país que demoro 18 años en recuperar la democracia.

Los gobiernos democráticos equivocaron el rumbo? Sin lugar a dudas, crearon verdaderas elites de políticos que se beneficiaron por décadas a sus familias y conocidos, mientras sumían a los trabajadores y familias de este país en un sistema injusto, desigual y sin oportunidades.

Estamos con miles de profesionales jóvenes que solo quieren desarrollarse con un trabajo digno, pero las exigencias de “experiencia” y el “pituto” los tiene postrados en una pieza jugando en línea y creando odio por este sistema injusto, que con la llegada masiva de inmigrantes, aprovecho de bajar los sueldos.  

Jubilados que querían descansar y disfrutar de su vejez, continúan trabajando en lo que sea para poder comer y pagar sus remedios y de lo que acumularon durante toda su vida se les entrega apenas un tercio de un sueldo mínimo, lo que constituye una vergüenza y tiene que ser rectificado a la brevedad, por respeto y por dignidad.

Se vienen días muy difíciles para los trabajadores del retail, que no podrán ser reubicados porque simplemente los locales en los que desarrollaban sus labores no existen, fueron arrasados por las llamas del desborde y el lumpen, que espera oculto en la oscuridad o entre las masas para continuar lanzando sus ataques.

Es el momento de reflexionar, hasta dónde estamos dispuestos a llegar con esto, quemaremos ciudades completas, saquearemos todos los locales comerciales y sacaremos de sus cargos a todas las autoridades? ¿Para qué, para instaurar gobiernos que entregarán sueldos altos, completa cobertura en salud, la mejor educación del mundo y con pocas horas de trabajo?

Eso no lo lograremos de un día para otro, tenemos que desarrollarnos como nación y terminar con los altos índices de desigualdad, esa es la taréa y no es para unos pocos, la labor es de todos, de todos los que decimos llamarnos chilenos.

Solo me resta recordar que la lucha contra la dictadura militar se inició en la calle y se terminó en las urnas, no se saquearon supermercados, menos el comercio y las tiendas y la represión fue más cruel y dura, pero se logró el objetivo.

No queremos salir de un saco con tierra, para entrar a uno lleno de barro, no queremos dictaduras de ningún tipo. Solo esperamos seguir creciendo en democracia y que el Gobierno asuma su rol y responda a la altura que tiene que hacerlo en estos difíciles momentos.

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