¿Qué hacer cuando la vocación se descubre tarde?

Esta columna de opinión fue escrita por Eliseo Lara, Director de Pedagogía en Educación Media de la UNAB.

Hoy, una parte importante de la población chilena está pendiente de los procesos de matrícula, retractos o re-matrícula en la educación superior. Padres y jóvenes repletando sitios webs, donde gran parte de ellos realizan sus inscripciones de carreras. Puntajes más o puntajes menos, todos corren, como alguna vez a uno mismo le tocó correr, a matricularse en la carrera que quería y quedó.

Sin embargo, no es menos cierto, que un número importante de la población estudiantil descubre que la carrera elegida no es la que más les satisface o simplemente que su práctica profesional dista bastante del imaginario que tenían. En otras palabras, o bien no les gustó lo que están estudiando o no se ven toda la vida en lo mismo.

Ahí aparece un nicho o espacio, que cada año crece en las universidades, con carreras alternativas y de menor duración a una regular, también conocidas como prosecución de estudios o “advance”. Carreras que matriculan a profesionales y/o técnicos titulados previamente que no buscan un post-grado o especialización, sino adquirir nuevos conocimientos y abrir posibilidades de desarrollo laboral.

Esta tendencia, según datos del Mineduc (SIES, 2018), daban en promedio una tasa de matrícula del 29% de titulados en carreras técnicas, que luego se matriculaban en carreras universitarias, ampliando sus trayectorias formativas.

En los informes del SIES Mineduc no hay desgloses por trayectorias previas en instituciones de educación superior que contemple la matrícula del pregrado, por lo que sólo podemos considerar los datos generales considerando el crecimiento de programas vespertinos y a distancia, también llamados on line, porque mayoritariamente se concentra aquí el segmento de profesionales que está cursando una segunda carrera.

En ese sentido, este tipo de programas pasó de tener 137.464 estudiantes en 2005 a 352.544 en 2022 (CNED, 2023), representando un 29,1% de la matricula total del pregrado. Asimismo, el crecimiento de este segmento fue de un 7,3% el último año, alcanzando un 10,3% del total de la matrícula de pregrado. En otras palabras, una parte significativa de la matrícula del pregrado la están copando ofertas académicas de segunda titulación o también llamadas de “vocación tardía”.

Las alternativas para estudiar una carrera profesional cada vez son mayores, no sólo por la oferta y calidad, sino también por los tipos de programas y modalidades, ante lo cual podemos hacer a lo menos algunas observaciones: 1) el no ingreso inmediato a la universidad no implica una imposibilidad de ser profesional en la vida, 2) se puede obtener un título universitario, pasando primero por un Centro de Formación Técnica o Instituto Profesional, y 3) cada día se vuelve más importante que la trayectoria formativa sea continua y de progresión, incluso si ello significa cambiar de profesión una vez titulados.

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