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Del like al imperio: los creadores latinos que convirtieron su celular en una empresa de verdad

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Del like al imperio: los creadores latinos que convirtieron su celular en una empresa de verdad

Photo: António Carneiro, Public domain, via Wikimedia Commons

Hace no tanto tiempo, el modelo era simple: acumulas seguidores, las marcas te pagan por publicar fotos con sus productos, y así te ganas la vida. Funciona, claro que funciona, pero tiene un problema fundamental que los creadores de contenido más astutos identificaron temprano: todo depende de plataformas que no controlas, de algoritmos que cambian sin previo aviso y de audiencias cuya atención es, por naturaleza, volátil.

Los influencers latinos que están dominando la conversación en 2024 y 2025 entendieron eso antes que nadie. Y en lugar de seguir optimizando para el próximo ciclo de TikTok, empezaron a hacer algo más interesante: construir.

El pivot que lo cambia todo

La transición de creador de contenido a empresario de medios no es nueva en términos absolutos —los YouTubers de la primera generación ya la intentaron con resultados mixtos— pero la versión latina de este fenómeno tiene características propias que vale la pena analizar.

Primero, la base cultural. Los creadores latinos que han tenido más éxito en esta transición son los que no abandonaron su identidad al escalar. Su comunidad de seguidores no los sigue solo por el contenido: los sigue porque representan algo, porque hablan un lenguaje —literal y figurado— que resuena con una experiencia específica. Esa lealtad es un activo que ninguna inversión publicitaria puede comprar.

Segundo, la diversificación inteligente. No se trata de hacer todo al mismo tiempo, sino de elegir las extensiones del negocio que tienen coherencia con la marca personal. Un creador de contenido culinario que lanza una línea de especias no está cambiando de giro: está profundizando en lo que ya hace. Una creadora de contenido de bienestar que desarrolla su propia aplicación de meditación en español está sirviendo a una necesidad real de su audiencia.

Casos que definen la tendencia

Los nombres cambian dependiendo de la plataforma y el momento, pero los patrones son reconocibles. Pensemos en lo que ha hecho el ecosistema de creadores culinarios latinos en YouTube: canales que empezaron mostrando recetas familiares con teléfonos de gama media han evolucionado hacia productoras con equipos de producción, acuerdos con editoriales para libros de cocina, líneas de utensilios en colaboración con retailers como Target o Walmart, y apariciones en programas de Food Network o Telemundo.

O el fenómeno de los creadores de comedia en Instagram y TikTok que han cruzado hacia la industria del entretenimiento convencional. Varios de ellos tienen ya acuerdos de desarrollo con estudios para crear contenido original: series, podcasts, especiales de comedia. El camino de la pantalla del celular al contrato con una plataforma de streaming es más corto de lo que parece cuando tienes una audiencia comprometida de varios millones de personas.

En el mundo de la moda y el lifestyle, las creadoras latinas han sido particularmente agresivas en construir marcas propias que van más allá de la colaboración con marcas ajenas. Líneas de ropa, colecciones de maquillaje, marcas de cuidado del cabello pensadas específicamente para texturas y necesidades que el mercado mainstream históricamente ignoró: todo eso está siendo creado y lanzado por mujeres latinas que empezaron posteando fotos en Instagram.

El dinero que nadie te cuenta en los tutoriales

Hay una conversación que raramente ocurre en público pero que define el éxito o el fracaso de esta transición: la financiera. Construir una empresa real —no solo monetizar una cuenta— requiere capital, y conseguirlo no es fácil para creadores que, en muchos casos, vienen de comunidades con acceso limitado a capital de riesgo e inversión institucional.

Algunos han resuelto esto con acuerdos de equity con marcas establecidas que ven en ellos una puerta de entrada a mercados que no saben cómo alcanzar. Otros han accedido a incubadoras y fondos específicamente orientados a emprendedores latinos, un ecosistema que ha crecido considerablemente en ciudades como Miami, Los Ángeles y Nueva York. Y algunos, los más independientes, han financiado su expansión con los ingresos de su propia audiencia a través de membresías, contenido exclusivo en Patreon o Substack, y ventas directas al consumidor que eliminan intermediarios.

Los fracasos, que también existen y que se hablan mucho menos, suelen tener un patrón común: escalar demasiado rápido, contratar sin estructura, lanzar productos que no tienen la calidad que la audiencia espera, o diversificarse en áreas tan alejadas de la identidad original que la comunidad de seguidores no acompaña el viaje.

La producción propia como siguiente frontera

Si hay una tendencia que define el momento actual, es la de los creadores latinos que están formando sus propias productoras. No para producir contenido para sus redes —eso ya lo hacen— sino para desarrollar proyectos para terceros: series para plataformas de streaming, campañas para grandes marcas, documentales, podcasts con distribución independiente.

Esta movida tiene una lógica clara: el creador que solo aparece frente a la cámara tiene un techo. El creador que también controla lo que está detrás de la cámara tiene un negocio escalable. Y varios de los nombres más reconocidos del ecosistema latino en EE.UU. están haciendo exactamente eso: usando su visibilidad como palanca para construir infraestructura creativa que puede operar con o sin su presencia constante.

Lo que esta generación le está enseñando a la industria

Hay algo más profundo en todo esto que el éxito empresarial individual. Los creadores latinos que están construyendo imperios de entretenimiento fuera de las redes sociales están demostrando, con datos y con resultados, que el mercado hispano en Estados Unidos no es un nicho periférico. Es un mercado central, sofisticado y con poder adquisitivo real, que durante demasiado tiempo fue subestimado por la industria del entretenimiento tradicional.

Cada acuerdo firmado, cada línea de productos lanzada, cada productora que abre sus puertas es también una declaración: que la cultura latina no necesita que nadie le abra la puerta desde adentro. Está construyendo sus propias puertas. Y sus propias casas.

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