Los jefes detrás del control remoto: Cómo los showrunners latinos están dictando las reglas del juego en Netflix, HBO y más
Photo: HowlRound Theatre Commons, CC BY 3.0, via Wikimedia Commons
Por mucho tiempo, la televisión hispana en Estados Unidos operó bajo una lógica muy particular: alguien que no era latino decidía qué historias merecían ser contadas, cómo debían sonar, y hasta cómo debían vestirse los personajes. El resultado, casi siempre, era una versión simplificada, a veces caricaturesca, de lo que realmente significa vivir entre dos idiomas, dos culturas y dos versiones de uno mismo.
Eso está cambiando. Y el cambio no viene del frente de la cámara, sino de atrás. Viene de los cuartos de producción, de las salas de guionistas, de los contratos que se firman con Netflix, con HBO Max, con Amazon Prime. Viene de los productores y showrunners latinos que, uno a uno, están tomando el timón de la industria televisiva global.
El cuarto donde todo se decide
Si hay un espacio que define el rumbo de una serie de televisión, ese es la writers' room: la sala donde un grupo de guionistas, liderados por el showrunner, construyen temporada a temporada el universo de un programa. Durante décadas, esas salas fueron casi exclusivamente blancas. Los escritores latinos que lograban entrar solían hacerlo como voces secundarias, consultores de autenticidad, o simplemente como los que revisaban si el español sonaba bien.
Hoy, varios de esos escritores son los que están al mando. Y la diferencia no es solo simbólica: es estructural. Un showrunner latino no solo decide qué historias se cuentan, sino quién las escribe, qué perspectivas se incluyen y qué versión de la experiencia hispana llega a los hogares de millones de personas en todo el mundo.
Toma el caso de Tanya Saracho, la dramaturga y productora mexicoamericana que creó Vida para Starz, una serie que exploró la comunidad chicana en el Este de Los Ángeles con una honestidad que difícilmente habría sobrevivido en manos de otro equipo. Saracho no solo escribió la historia, sino que también insistió en tener una sala de guionistas completamente latina y mayoritariamente queer, algo sin precedentes en la televisión estadounidense. El resultado fue una serie que no solo resonó con audiencias latinas, sino que ganó reconocimiento crítico internacional y abrió conversaciones que la televisión mainstream había evitado por años.
Más allá de las telenovelas
Por décadas, cuando Hollywood pensaba en televisión latina, pensaba en telenovelas. No porque ese fuera el único tipo de historia que los latinos querían contar, sino porque era el único tipo de historia que el sistema estaba dispuesto a financiar. Era una trampa creativa: si salías del molde, perdías el presupuesto. Si te quedabas en el molde, reforzabas los estereotipos.
Los nuevos productores latinos están rompiendo esa dicotomía. Figuras como Gloria Calderón Kellett, cocreadora y showrunner de One Day at a Time en su versión para Netflix, demostraron que una familia cubanoamericana podía ser el centro de una comedia de situación que hablara de salud mental, identidad de género, inmigración y orgullo cultural sin perder ni una sola carcajada. La serie no era una historia «para latinos»: era una historia universal contada desde una perspectiva latina. Esa distinción importa muchísimo.
Calderón Kellett ha sido vocal sobre lo que significa estar en ese rol: no solo crear, sino proteger la visión creativa frente a ejecutivos que a veces prefieren lo seguro sobre lo auténtico. «Tienes que pelear por cada detalle», ha dicho en entrevistas. «Desde el nombre de un personaje hasta la canción que suena en el fondo. Cada cosa cuenta."
El efecto dominó
Uno de los impactos más importantes de estos líderes creativos no es lo que hacen en pantalla, sino lo que hacen fuera de ella. Cuando un showrunner latino llega a una posición de poder, suele abrir puertas para otros. Contrata guionistas emergentes que de otra forma nunca habrían tenido acceso. Produce proyectos de directores que aún no tienen nombre pero que tienen voz propia. Crea un ecosistema.
Este efecto multiplicador es quizás la transformación más profunda que está ocurriendo en la industria. No se trata solo de que ahora hay más historias latinas en pantalla, sino de que hay más latinos construyendo las estructuras desde las cuales esas historias se producen, financian y distribuyen.
El productor y director colomboamericano David Zayas Jr., por ejemplo, ha trabajado activamente para conectar talentos latinos emergentes con oportunidades en plataformas de streaming que antes eran inaccesibles para creadores sin agentes de primera línea o sin credenciales de escuelas de cine de élite. Iniciativas como estas, aunque menos visibles que una serie exitosa, son las que realmente cambian el ADN de la industria a largo plazo.
¿Qué es «comercialmente viable»?
Quizás la batalla más silenciosa que están librando estos productores es la del lenguaje económico. Durante mucho tiempo, las historias latinas fueron consideradas proyectos de nicho, con audiencias limitadas y riesgo financiero elevado. Ese argumento se usó repetidamente para justificar presupuestos bajos, distribución limitada y cancelaciones prematuras.
Los números están desmontando ese mito. Narcos, Club de Cuervos, Selena: The Series, Gentefied, With Love: estas producciones con perspectivas latinas en su ADN han generado audiencias globales enormes y han demostrado que las historias hispanas no son un riesgo, sino una oportunidad de mercado que el sistema tardó demasiado en reconocer.
Y cuando los ejecutivos de las plataformas ven esos números, la conversación cambia. De repente, más historias latinas se vuelven «comercialmente viables». De repente, hay más presupuesto, más temporadas, más espacio para experimentar. Es un ciclo que los showrunners latinos están alimentando con cada proyecto exitoso.
El trabajo que queda
Sería fácil pintar este momento como una victoria completa. No lo es. Los latinos siguen siendo subrepresentados en posiciones de liderazgo creativo dentro de las grandes cadenas y estudios. Las historias de éxito existen, pero coexisten con cancellations injustas, con series que nunca reciben la oportunidad de encontrar su audiencia, con creativos que aún enfrentan techos de cristal apenas visibles pero completamente reales.
También está la cuestión de qué tipo de historias latinas se consideran aceptables. Hay un riesgo real de que el sistema solo abrace las narrativas que confirman ciertas expectativas: las historias de lucha y superación, las de inmigración y sacrificio, las que hacen sentir bien al espectador no latino. Las historias más complejas, más incómodas, más internas, siguen siendo más difíciles de vender.
Pero lo que está claro es que la dirección ha cambiado. Los productores y showrunners latinos que hoy tienen poder en las plataformas más influyentes del mundo no solo están contando mejores historias: están redefiniendo qué tipo de historias merecen ser contadas. Y eso, a largo plazo, lo cambia todo.
La pantalla puede apagarse. Pero las decisiones que se toman en esos cuartos, esas salas de guionistas, esas reuniones con ejecutivos, esas conversaciones sobre qué personaje vive y cuál muere, esas perduran mucho más que cualquier episodio. Y por primera vez en mucho tiempo, hay más voces latinas en esa mesa de las que ha habido jamás.